El Willys ’31 de Oscar “Cacho” Mo volvió a encontrarse con el público en Autoclásica 2026. Collino presentó el Roadster tras dos años de restauración. Conserva la identidad con la que compitió en Limitada 31.
Fue un verdadero auto de carreras argentino y hoy tiene la presencia de un hot rod. Esa combinación marcó el criterio del trabajo. Buscamos recuperar el automóvil que existía, con sus proporciones, su gráfica y sus cicatrices.
De las carreras a un campo en Bandera
La transformación para competir comenzó en Humberto Primo, Santa Fe. El automóvil pasó luego por Hersilia y llegó a la familia Mo, en Bandera, Santiago del Estero.
Desde allí, Cacho corrió representando a su pueblo, con el apoyo de la peña “Viento en Contra”. Su nombre quedó pintado a mano en la cola del Willys.
Después de su etapa deportiva, el Willys permaneció durante años bajo un pequeño techo en un campo de Bandera. Una inundación lo dejó aproximadamente 50 centímetros bajo el agua. La humedad y el óxido se sumaron al paso del tiempo, aunque el automóvil seguía prácticamente completo.
Hace aproximadamente dos años, Luciano Mo, hijo de Cacho, acercó el auto a Collino. Lo guio un amigo en común, Darío Marotti. El encargo nos dio libertad para restaurarlo con nuestro criterio, una responsabilidad enorme frente a su historia.
Antes y después de la restauración del Willys 31. Deslizá el control para comparar su estado al llegar al taller con el resultado final.
Un auto de carreras con presencia de hot rod
El vínculo con el Willys fue inmediato. Las fotos de su llegada registran ese primer momento de observación. Mientras lo mirábamos, una idea empezó a definir el proyecto:
“Este fue un auto de carreras que hoy parece un hot rod. Y cuando esté terminado va a ser un hot rod que realmente fue un auto de carreras.”
Esa idea marcó la restauración. La condición de auto de carreras y la estética de hot rod ya convivían en él.
Aquellos autos artesanales se construían para competir. Lejos de grandes fábricas y equipos profesionales, la prioridad era fabricar, reparar, modificar y volver a correr. La estética y las terminaciones solían quedar en un segundo plano.
En el Willys, las proporciones, la postura, las ruedas y la pequeña carrocería Roadster componían una imagen especialmente atractiva. Recordaba a los autos de las salinas de Bonneville.
Las fotografías históricas muestran que ya lucía así cuando corría. Su apariencia no nació de una reinterpretación moderna ni de una construcción posterior para parecer antigua.
Conservar su identidad de Limitada 31
En una construcción hot rod se modifican alturas, volúmenes, ruedas y mecánicas para buscar una imagen. En el Willys, esa imagen ya existía.
Las piezas y las modificaciones eran las que habían resuelto sus constructores para competir. Las fotos permitían reconocer esa configuración, incluidas las publicidades pintadas sobre la carrocería.
La decisión fue conservarlo. Podíamos corregir soluciones y llevar las terminaciones a estándares actuales. Pero eso habría borrado parte de lo que hacía especial al automóvil.
Por eso conservamos las cicatrices de su historia. El objetivo era recuperar aquel auto de Limitada 31, sin convertirlo en una reproducción inspirada en él.
Una restauración integral, hasta el último detalle
El Willys fue desarmado íntegramente en Collino. La restauración abarcó estructura, mecánica, carrocería y cada uno de sus conjuntos. Había que resolver las marcas de décadas de uso, almacenamiento, humedad y de la inundación.
Aun después de ese trabajo, pueden encontrarse vestigios de corrosión y otras marcas en distintos sectores. Esas señales ayudan a reconocer una vida anterior al taller. Son parte del automóvil original.
La documentación fotográfica forense de Kity fue fundamental antes y durante el desarme. Se registraron posiciones, piezas, fijaciones, terminaciones, colores e inscripciones antes de intervenirlas.
Ese archivo permitió comparar cada avance con la configuración que encontramos. Desde las pequeñas piezas hasta la decoración, todo se consideró parte de la historia. El antes y después muestra el alcance de esa decisión.
Un proyecto construido entre especialistas
Recuperar un automóvil de competición de más de 90 años exigió reunir oficios y experiencias muy diferentes. La restauración se convirtió en un trabajo colectivo. Empresas, talleres y amigos aportaron conocimientos para devolverle el funcionamiento y preservar su identidad.
Maipú Garage se ocupó de la chapa y pintura de la carrocería y el capot. El estado de esas piezas exigió recuperar superficies y formas sin alterar la identidad del auto. Ese trabajo fue la base para reconstruir el conjunto.
Eduardo Caneva, pintor oficial de Collino, había calcado las publicidades al llegar el auto al taller. Antes de la restauración registró cada inscripción. Con esos calcos y la documentación fotográfica pudo reproducir la gráfica a mano sobre la carrocería restaurada. Los videos del proyecto también permiten seguir ese proceso.
Zschocke Motorsport ayudó a conseguir componentes importados difíciles de resolver en un auto de estas características. Entre ellos estuvieron el instrumental y el motor de arranque.
Doce válvulas fabricadas para su motor
Basso, fábrica argentina de válvulas que abastece a marcas de la industria automotriz, colaboró con una fabricación especial. El motor necesitaba doce válvulas que no podían resolverse con una pieza de catálogo.
La empresa llegó a interrumpir momentáneamente su línea de producción para hacerlas con especificaciones acordes al uso en competición. Fue una manera concreta de poner la tecnología actual al servicio de la historia del automovilismo.
Reconstruir un motor de carreras de otra época
Ulises Bertone, su padre Marcos y el equipo de su taller trabajaron en el desarme, análisis y armado del motor. La experiencia de Marcos con motores Continental resultó especialmente valiosa. Esa mecánica, emparentada técnicamente con la del Willys, ayudó a interpretar soluciones de otra época.
Se relevó digitalmente el árbol de levas y se midieron luces, tolerancias y geometrías. También se analizaron los componentes y se fabricaron pistones específicos para el motor. Las bielas originales pudieron conservarse.
El criterio fue emplear herramientas modernas para comprender, medir y recuperar la mecánica original. La restauración debía devolverle funcionamiento sin convertirla en algo que nunca fue.
Juntas Illinois fabricó las juntas para la tapa de cilindros y otros sectores del motor. Gustavo Penín reprodujo el distribuidor respetando su apariencia original. Incorporó componentes internos para conseguir confiabilidad y una curva de avance adecuada a ese motor preparado para competir.
Ferrazzi aportó los cables de encendido con estética de época. Mangueras Yaco realizó las mangueras vendadas de radiador y motor, también coherentes con el período del automóvil.
Juan Carlos Bonetto, colaborador habitual de nuestros proyectos, restauró distintas piezas originales. Conservarlas tenía para nosotros un valor mayor que reemplazarlas.
Resolver hasta el último momento
A pocos días de partir hacia Autoclásica, la tapa de cilindros sufrió una rotura durante las pruebas finales. La presentación quedó en riesgo después de todo el trabajo realizado.
Ariel Walpen conservaba otra tapa y la cedió para terminar el motor. También tenía una fisura: hubo que repararla antes de montar el conjunto. Pudimos recuperar la pieza y poner el Willys en marcha a tiempo.
El episodio resume una dificultad habitual con estas mecánicas: no siempre hay un repuesto disponible. Investigar, preguntar, encontrar una pieza y repararla forma parte del trabajo. Son recursos parecidos a los que empleaban quienes corrían con estos autos.
El trabajo dentro de Collino
En Collino, Beppy recuperó, adaptó y preparó los diferentes conjuntos mecánicos para volver a ensamblarlos. Una pieza pequeña podía demandar horas de análisis. En ese proceso, la experiencia fue tan importante como los planos y las herramientas.
Todo el equipo acompañó un proyecto que exigía un tratamiento particular. La tarea de Kity continuó durante cada etapa, desde antes de retirar el primer tornillo. Además del registro fotográfico, documentó el proyecto en video.
Willys: una historia que empezó mucho antes del Jeep
El Roadster de 1931 pertenece a la historia de Willys anterior al Jeep. John North Willys comenzó comercializando automóviles Overland en Estados Unidos. La compañía tenía dificultades para atender la demanda de sus distribuidores. Willys se involucró en la empresa y, con el tiempo, tomó su control.
De esa etapa surgieron las denominaciones vinculadas a Willys-Overland. Décadas después, la marca participó en el programa estadounidense de vehículos militares livianos de la Segunda Guerra Mundial. Allí quedó ligada al vehículo que el mundo conocería como Jeep. Su historia empresarial continuó luego con Kaiser.
Este automóvil pertenece a un capítulo anterior. Su transformación en máquina de carreras se hizo en nuestra región, por personas que partieron de un auto de calle. Esa historia se escribió lejos de Toledo, Ohio.
Autoclásica 2026: Cacho volvió junto a su Willys
La presentación fue en el stand número 2 de la Escudería Santafesina, durante Autoclásica 2026. Para Collino fue un orgullo acompañar a una institución dedicada a preservar la historia automovilística de nuestra provincia.
El momento más especial fue ver a Cacho junto al auto otra vez. Recibió al público y compartió historias de sus carreras.
Durante la muestra saludó a la gente y se sacó fotografías. También explicó cómo era correr en los años 60 y 70. Incluso volvió a poner el Willys en marcha frente al público.
La exhibición se volvió una conversación con su protagonista. Junto al vehículo estaba quien lo había manejado, respondiendo preguntas y contando anécdotas. La historia podía escucharse de primera mano.
Ahí terminó de cerrarse el círculo. No hacía falta imaginar quién había sido su piloto o cómo se habría sentido al volante. Estaba junto al auto contándolo.
Un auto con aura
El aura del Willys está en sus proporciones, sus cicatrices y las publicidades pintadas a mano. También vive en las soluciones artesanales y en las fotos que lo muestran corriendo con esa misma apariencia. A todo eso se suma una voz capaz de contar lo que vivió detrás del volante.
Durante dos años, en Collino desarmamos el automóvil, recuperamos sus piezas y reconstruimos aquello que el tiempo había destruido. La documentación nos ayudó a respetar los detalles. Su regreso ante el público en Autoclásica reunió otra vez al auto con su historia.
Un Willys ’31 que fue un verdadero auto de carreras, con toda la presencia de un hot rod. Un hot rod con historia, que nunca necesitó inventarse una.
Del taller a Autoclásica 2026







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